El sábado volví a la cancha, después de una larga pausa motivada en parte por diversos factores que rodean al fútbol en este rincón del mundo y también por la comodidad que, engañosamente, no otorga esa caja boba que nos mira y nos maneja a control remoto desde nuestras casas haciéndonos creer que vemos el partido.
El escenario era perfecto en el Bajo Flores, un campo de juego impecable y un día de sol sin una nube que auguraba un final feliz. Los de Boedo estrenaban técnico, el Cholo Simeone y se enfrentaban a La Academia, el aguerrido equipo de Caruso Lombardi que pelea con uñas y dientes para alejarse del fantasma de la promoción.
Desde la platea para socios, junto al compañero Copola, seguimos el modesto partido que se disputaba en un clima cordial tanto en la cancha como en la tribuna. Mi compañero estaba pendiente del rendimiento del equipo local y ante mis observaciones sobre el juego y el plantel de Racing, el me remarcaba con una mirada cómplice “Acordate que somos de San Lorenzo”. Era verdad, yo estaba de invitado y como dice el refrán “donde fueres has lo que vieres”.
El primer tiempo fue muy trabado, ningún equipo mostraba superioridad desde lo táctico ni con el manejo de pelota. Castromán encandiló de entrada con raudas apariciones y Martínez avisaba ganando en el juego aéreo a Aureliano Torres. Solari se perfilaba como figura simplemente por la calidad de su propuesta.
En el complemento daba la toda la impresión de ser el clásico partido “el que mete el gol gana” y el Ciclón comenzó a tratar mejor la pelota. De la mano del Indiecito Solari, con su enorme jerarquía, supo hacer conversar al equipo a través del balón y formar una sociedad con Adrián Gonzáles desde el fondo y con el eléctrico Papu Gómez más abierto. El golazo de zurda de Solari, fuerte, arriba y esquinado terminó con una racha de más de 500 minutos sin goles en el arco de Migliore. El partido parecía liquidado pero, Racing por inercia y por necesidad reaccionó y fue a buscarlo, sin muchos fundamentos, con mucha actitud y pocas ideas, desafiando toda lógica y con un corazón que sin dudas es la principal virtud de este equipo. A la suerte hay que ayudarla y en la última jugada, con Migliore en el area contraria y después de que Pezzotta agregara un minuto más a los cuatro previamente adicionados, Racing encuentra su milagro tras un tiro de esquina con uno de los teoremas del fútbol: dos cabezasos en el área es gol; Lugüercio la peina y Martínez la manda a guardar para el delirio de la parcialidad visitante que festejaba un empate con sabor a victoria. En mi caso la procesión fue por dentro.
El escenario era perfecto en el Bajo Flores, un campo de juego impecable y un día de sol sin una nube que auguraba un final feliz. Los de Boedo estrenaban técnico, el Cholo Simeone y se enfrentaban a La Academia, el aguerrido equipo de Caruso Lombardi que pelea con uñas y dientes para alejarse del fantasma de la promoción.
Desde la platea para socios, junto al compañero Copola, seguimos el modesto partido que se disputaba en un clima cordial tanto en la cancha como en la tribuna. Mi compañero estaba pendiente del rendimiento del equipo local y ante mis observaciones sobre el juego y el plantel de Racing, el me remarcaba con una mirada cómplice “Acordate que somos de San Lorenzo”. Era verdad, yo estaba de invitado y como dice el refrán “donde fueres has lo que vieres”.
El primer tiempo fue muy trabado, ningún equipo mostraba superioridad desde lo táctico ni con el manejo de pelota. Castromán encandiló de entrada con raudas apariciones y Martínez avisaba ganando en el juego aéreo a Aureliano Torres. Solari se perfilaba como figura simplemente por la calidad de su propuesta.
En el complemento daba la toda la impresión de ser el clásico partido “el que mete el gol gana” y el Ciclón comenzó a tratar mejor la pelota. De la mano del Indiecito Solari, con su enorme jerarquía, supo hacer conversar al equipo a través del balón y formar una sociedad con Adrián Gonzáles desde el fondo y con el eléctrico Papu Gómez más abierto. El golazo de zurda de Solari, fuerte, arriba y esquinado terminó con una racha de más de 500 minutos sin goles en el arco de Migliore. El partido parecía liquidado pero, Racing por inercia y por necesidad reaccionó y fue a buscarlo, sin muchos fundamentos, con mucha actitud y pocas ideas, desafiando toda lógica y con un corazón que sin dudas es la principal virtud de este equipo. A la suerte hay que ayudarla y en la última jugada, con Migliore en el area contraria y después de que Pezzotta agregara un minuto más a los cuatro previamente adicionados, Racing encuentra su milagro tras un tiro de esquina con uno de los teoremas del fútbol: dos cabezasos en el área es gol; Lugüercio la peina y Martínez la manda a guardar para el delirio de la parcialidad visitante que festejaba un empate con sabor a victoria. En mi caso la procesión fue por dentro.
Tras el heroico gol de lakadé.....hubo grito reprimido y mirada burlona para con Copolín?
ResponderEliminarMuy bueno el post, pero falto mencionar algo: el par de cancioncitas dedicades a el futuro campeon del nacional B las cuales detallo a cont.
ResponderEliminar"boron bom bom, boron bom bom, son el equipo de tyc sport", "ole ole olé, ole olá, el periodismo que no mienta mas, mirá como alienta la guarda imperial"
El dia que pierdan ese apoyo, se van a la H.
Te dejo un video turco que te a recordar lo que pudiste vivir.
http://www.youtube.com/watch?v=4KWx0iFWAAg
Desde ya adhiero a Javier en lo que dice sobre la calidad del post, realmente muy bueno. También adhiero a que cuando Ávila y todos esos dejen de bancar a RaSin Club, no van a poder ni hacerle partido a Cini Sub30. Tarde o temprano la suerte se termina...
ResponderEliminarEl Indicito Solari la clava en el ángulo y toda la platea del Ciclón gritaba y se abrazaba. En ese momento, Copola me miró pero resistió el impulso de abrazarme y obligarme a fingir una alegría ajena. La tragicomedia tiene lugar en la última jugada con el gol épico de La Academia. El silencio ensordecedor de los azulgrana que clamaba por una explicación y el éxtasis racingista que desboraba de alegría. En ese momento hubo miradas cruzadas pero no había espacio para histrionismos en una platea envuelta en llamas. El gol me paralizó pero no lo suficiente para evitar una sonrisa socarrona que en silencio gritaba: GOL !!! GOLAZO !!! MEMORABLE !!! MINUNTO 5 DEL ALARGUE !!! JAJAJAAJAJ !!!
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